Blanca Estela Buitrón Sánchez: la científica mexicana que estudiaba equinodermos fósiles

Blanca Estela Buitrón Sánchez fue, por más de dos décadas, la única científica mexicana que estudiaba equinodermos fósiles, uno de los grupos de organismos más antiguos de la Tierra, los cuales solo han habitado en las profundidades saladas de la inmensidad acuática, por eso su presencia es el rastro contundente que deja el mar.

Lirios, erizos ofiuras y estrellas de mar petrificados han cobrado sentido bajo el lente y el ojo erudito de Blanca Buitrón, una mujer nacida en 1939, en el pueblo de Xilotepec, Estado de México.

Su casa estaba rodeada de milpas y campo, donde solía jugar con insectos, caracoles y plantas que coleccionaba. A los 13 años sus padres la llevaron al mar: “fue un impacto increíble, ver cómo el agua se fundía con el cielo”, recuerda.

A esa edad, en la playa de Mocambo, no se imaginó que, una década después, sin escafandra ni tanques de oxígeno, podría “sumergirse” a las profundidades marinas del Paleozoico y Mesozoico, a buscar lirios y estrellas, en las rocas sedimentarias de las montañas.

La científica se formó en la Universidad Nacional Autónoma de México, pero ha dejado su huella en casas de estudio de todo el país, donde ha extendido sus conocimientos a través de sus alumnos y como cofundadora de facultades y departamentos relacionados con las ciencias de la Tierra.

Blanca Buitrón, al verse sola estudiando equinodermos comenzó a formar profesionales, jóvenes que son como sus hijos, a quienes preparó, impulsó y oriento en el estudio de los fósiles.

“Uno de los elementos centrales para el INAH es contar con cuerpos colegiados de investigadores de diferentes instituciones que compartan la preocupación por la protección del patrimonio cultural del país”, comentó la secretaria técnica del INAH, Aída Castilleja González.

“Estos cuerpos colegiados posibilitan al Instituto ejercer la autoridad que le fue conferida en su Ley Orgánica y en la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, que siempre lleva a cabo con el sustento de la investigación y las opiniones acertadas de los miembros de los Consejos con los que cuenta: de Arqueología, de Monumentos Históricos, de Conservación y de Paleontología. Sin duda, la trayectoria de Blanca Buitrón honra a este último”, añadió.

Formadora de generaciones

Felisa Aguilar, presidenta del ConPal, reconoció la semilla que han sembrado en las nuevas generaciones de paleontólogos, profesores pioneros como Blanca Buitrón, y la generosidad para compartir su experiencia con el Consejo de Paleontología.

Blanca Buitrón explica la ciencia con exactitud, pero como si contara un cuento, quizá, ese es el secreto por el que tantos estudiantes la consideran su maestra y le expresan agradecimiento, admiración y cariño.

“Me dediqué a la ciencia toda la vida. Cuando mi esposo me preguntó si me quería casar, le contesté que no tendríamos hijos porque yo quería dedicarme a la investigación: ¿Nos casamos o no?, Dijo sí.  Fue un convenio con la pareja y una decisión muy personal”, recuerda.

Blanca Buitrón terminó de estudiar su licenciatura en 1962 y se recibió como bióloga en 1964. Desde entonces no ha dejado la ciencia, ni el campo de la docencia, en el que se inició en 1971.

Los padres de Blanca Buitrón fueron maestros rurales en la época de Lázaro Cárdenas. Su padre, Rafael Buitrón, de niña le llamaba “Estrella” y le leía el poema A Margarita de locas, de Rubén Darío, y le puso por nombre Margarita.

“Ay…Margarita está linda la mar”, susurra la mujer de ciencia que siente el poema como una suerte de oráculo protector que desde la infancia le anunció su camino: Una tarde la princesa vio una estrella aparecer.

Los tesoros

“Descubrí las primeras estrellas de mar del Cretácico en México”, refiere la paleontóloga. “Fue en Tepexi de Rodríguez, Puebla, una región marina cercana a Tehuacán”. Cuando encuentra equinodermos, Blanca Buitrón sabe que esa tierra firme fue mar: le ayuda a comprender la geografía del pasado.

“Los equinodermos también nos dan la edad de la Tierra, e información sobre el ambiente. Son muy antiguos, hay organismos de ese grupo, como los erizos, de hasta 540 millones de años.

En México tenemos localidades del Paleozoico con abundantes lirios de mar.

“Me he dedicado a estudiarlos en todo el territorio nacional, particularmente en Sonora, donde hay infinidad de afloramientos, es decir, exposiciones de rocas sedimentarias con estos organismos. En todos los cerros de Sonora: en Santa Teresa hay vestigios del Paleozoico y siempre encuentro lirios de mar.

“Los fósiles son prueba contundente de la evolución de la vida”, anota la investigadora, luego de citar a Charles Darwin, quien decía que no son los organismos más fuertes e inteligentes los que permanecen, sino los que saben adaptarse a los cambios.

“Por ejemplo, el grupo de equinodermos tuvo su esplendor en el Paleozoico, entre 540 y 240 millones de años.

Después, en el Mesozoico y principios del Jurásico, cuando surgen los dinosaurios, fueron menos abundantes. Con base en mis estudios, considero que a la fecha debe haber desaparecido ya alrededor de 60 por ciento del grupo.

Podemos aprovechar en el presente esa experiencia del conocimiento del pasado de la Tierra para cuidar los ecosistemas”, considera la paleontóloga.

A sus casi 80 años, Blanca Buitrón dice que el ojo que pega al microscopio le falla, pero su memoria no.

En 2007, la UNAM otorgó a la paleontóloga el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, un reconocimiento que le significó mucho por la admiración que tiene hacia la Décima Musa.