El guardián de la historia

Romeo Cruz custodia 20 mil ejemplares que conservan la identidad de Veracruz.

Víctor M. Toriz

Estantes metálicos con libros apilados forman cuatro pasillos que se prolongan al menos 10 metros al fondo, sobre ellos se resguarda la memoria histórica de la ciudad de Veracruz.

Romeo Cruz Velázquez es el guardián de los 20 mil ejemplares de libros y documentos que forman el acervo del Archivo Histórico.

Una versión escrita en latín y editada en 1496 de ‘El Arte de la Guerra’, del filósofo chino Sun Tzu, es la obra más antigua que se tiene en el sitio.

Pero existen libros y documentos que datan de los Siglos XVI, XVII y XVIII con un valor incalculable: actas de cabildo, documentos notariales, fotografías y decretos municipales.

Para Romeo Cruz los ‘Apuntes Históricos sobre el Puerto de Veracruz’, de Miguel Lerdo de Tejada, son una lectura obligada para adentrarse al contexto del nacimiento y desarrollo de la historia moderna y, al mismo tiempo, para entender al Veracruz antiguo.

Un ejemplar original de esa obra puede hojearse en el inmueble que alberga la biblioteca más longeva de la ciudad, en el que una vez fue el Patio de Vergara, también nombrado Patio de la Condesa.

El edificio se encuentra sobre la avenida Landero y Coss, esquina con la calle Esteban Morales, en el corazón del casco antiguo de la ciudad.

El inmueble es una parte viviente de la historia antigua. Su arquitectura, a pesar de las modificaciones que ha sufrido con el paso de los años, se mantiene casi intacta.

Una puerta grande bordeada de blanco sostenida por dos columnas se impone al frente de la fachada amarilla, una puerta más pequeña la franquea al lado izquierdo, ventanas con balcones y barrotes de madera surgen en el primer y segundo nivel del edificio.

Al atravesar el arco de la entrada varias puertas son visibles, la de la derecha es la biblioteca donde se encuentran los documentos históricos, otras sirven para montar exposiciones permanentes o para el trabajo de los especialistas que trabajan en el sitio.

Un patio rectangular en el centro es bañado por la luz natural del sol; en uno de sus costados una fila de lavaderos son el vestigio que muestra que el lugar sirvió como residencia de los veracruzanos.

Muros gruesos de piedra múcara y vigas de madera se mantienen intactas desde finales del Siglo XVII, cuando dio inicio la urbanización de la ciudad de Veracruz.

El Archivo Histórico ocupó ese espacio hasta 1987. Su primera residencia fue en el entonces Convento de San Francisco -hoy edificio que lleva el nombre de Recinto de la Reforma- cuando se decidió abrir la biblioteca en 1872, por iniciativa del gobernador Francisco Hernández y Hernández.

Para formar la biblioteca se adquirieron varias colecciones de libros, además de que el Archivo Nacional aportó ejemplares repetidos para fortalecer el acervo, relata Romeo Cruz.

Años después es trasladada a la biblioteca Venustiano Carranza; con el paso de los años el valor que adquirieron las obras obligó a ubicarlas en un espacio especial, ya con el nombre de Archivo Histórico.

Romeo Cruz aguarda sentado en el escritorio del fondo, dominando el ingreso de todo aquel que atraviesa el umbral de la puerta hacia el área destinada para los estantes de libros.

El sistema de aire acondicionado permite conservar cada pieza en buen estado, mientras que la fumigación constante para evitar la invasión de insectos es una medida preventiva.

Las obras de los Siglos XVIII y XIX son de fácil acceso para cualquier lector que llegue interesado.

Otros ejemplares de más antigüedad requieren un trato especial, estas son prestadas en el lugar solo a especialistas que realizan investigaciones o que justifican el motivo del requerimiento de su consulta.

Pero tomar las piezas no es cualquier cosa, advierte Cruz Velázquez, es necesario disponer de un espacio adecuado, utilizar guantes y cubre bocas que impidan contaminar las hojas de más de 300 años.

Trabajar en ese lugar le da el privilegio de tener todo el acervo documental a su alcance, algo que disfruta infinitamente de su trabajo, que prefirió convertir en su pasión de vida.

Amor por la historia

Oficialmente Romeo Cruz Velázquez cubre una jornada de ocho horas diarias como bibliotecario.

Pero el silencio y la soledad que llega cuando todos abandonaron el inmueble son aprovechados para sumergirse en el acervo que existe en los anaqueles.

La paz que encuentra hace que las horas de la tarde y noches fluyan a su favor mientras prepara los documentos que necesita para elaborar sus investigaciones, algunas plasmadas en libros y otras en artículos que se publican en revistas especializadas.

Desde hace 27 años es responsable de la biblioteca; en ese tiempo también ha escrito ocho libros que se sumaron a la colección del Archivo Histórico, publicaciones que documentan como ninguna otra, capítulos completos de instituciones como la Beneficencia Española o el Círculo Mercantil Español.

En una rama tan amplía de las ciencias como la suya, Cruz Velázquez se declara apasionado de la historia de Veracruz, de la que tiene que ver con el desarrollo de la medicina y el impacto de enfermedades; pero también de la que ubica y describe las cúpulas del poder político y su distribución.

La historia es probablemente su primer amor desde la adolescencia, cuando expresó a su padre comerciante y su madre mesera que quería estudiar esa profesión, atrapado por las cátedras que su maestro de secundaria impartía cada mañana por dos años.

La profesión no era del agrado de su padre, conservador que le pedía ver por su futuro en una carrera tradicional como el derecho o la medicina, pero su madre lo motivó para prepararse en lo que él quería dedicarse para el resto de su vida.

Fue así que dejó momentáneamente la ciudad de Veracruz, a la que llegó procedente de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, a la edad de 7 años para vivir primero en un patio de vecindad en la avenida Juan Soto, y más tarde en la colonia 21 de Abril.

Le tocó vivir en las calles empedradas con ‘chinos’ y tranvías circulando por las principales avenidas de la ciudad de Veracruz.

En la Facultad de Historia de la Universidad Veracruzana estudió su licenciatura, más tarde hizo estudios de maestría y doctorado, en la Universidad Vasca de Bilbao, en donde se especializó en Historia del Siglo XVIII y en su tierra adoptiva que siente más propia que donde nació.

Su obra predilecta en el Archivo Histórico es el libro ‘Cien Viajeros en Veracruz’, que en once tomos describe historias y relatos de personas que desembarcaron en este puerto entre los Siglos XVI y XX, obra contemporánea, pero con un valor histórico profundo.

Su aspiración es mantener la memoria histórica de Veracruz para futuras generaciones y al mismo tiempo aprender de esa memoria para ser cada vez un mejor veracruzano.