El prodigio de las manos oaxaqueñas

A diferencia de los elaboradores de alebrijes tradicionales, Jorge Gómez no aprendió a hacerlos cuando era niño. Él se integró a la familia Franco -que por tradición elabora alebrijes en Oxaca- cuando tenía 20 años.

Olivia Hernández


Jorge Gómez Martínez se casó con la hija del dueño del taller de alebrijes, después de la boda su integración a la familia lo llevaría a conocer las técnicas de tallado con cuchillo de cocina y hasta corcholatas.

El taller de la familia Franco está ubicado en Arrazola, una comunidad de Santa Cruz Xoxocotlán, en el estado de Oaxaca, donde habitan poco más de mil personas, y donde el pueblo se caracteriza por la elaboración de esta artesanía mexicana.

El primero paso para elaborar un alebrije, detalla Jorge Gómez, es buscar la madera, secarla y procesarla. Si tiene algún hongo u otra plaga esta se le debe retirar para que la madera se encuentre en buen estado al momento de tallar la pieza.

Para elaborar un alebrije no existe un molde. Las figuras que realizan los artesanos oaxaqueños son trazadas con base en la forma de un animal y talladas con imaginación.

Para realizarlo tampoco se utilizan instrumentos especiales. El cuchillo de la cocina bien afilado, un desarmador con filo y hasta una corcholata sirven cuando se trata de dar forma a las partes del cuerpo de un animal sobre madera.

Los alebrijes se comercializan a un precio elevado. En una feria de artesanías pueden costar desde 100 pesos una figura de alrededor de 5 centímetros de alto hasta poco más de 9 mil pesos si mide casi medio metro.

Su costo es regateado por aquellos que no valoran la artesanía, quienes desconocen que para elaborar un coyote de cinco centímetros tardan una semana y si mide medio metro pueden tardar más de cuatro meses.

Jorge generalmente esculpe coyotes y su esposa los pinta. Las flores de colores son el estampado principal de estas artesanías oaxaqueñas, aunque existen otros patrones con figuras geométricas que cubren el cuerpo de aquellos animales que han sido tallados en madera.

Arte Zapoteco

Alberto ofrece sus productos en una exposición itinerante de artesanías que reúne a productores de todo el país. Los caminos de mesa, cortinas y bolsos penden de la estructura del stand.

Llega una mujer y pregunta el precio de uno de los artículos exhibidos. $750 dice el vendedor. ¿750? Repite la clienta que busca un descuento y ante una respuesta negativa de disminuir el precio se marcha.

Era un mantel elaborado en telar de tres metros de largo, elaborado con algodón puro. La clienta no puede conseguir un precio más económico por el artículo y no vuelve.

No es la primera vez que ocurre. Sin embargo los artesanos no desisten y atienden de manera dedicada a cada persona que se acerca a pedir información.

Alberto Contreras Vicente es uno de los tres hombres que promocionan los telares en cada feria a la que acuden con sus productos.

Pero no son los únicos, Alberto y otros 50 integrantes de su familia se dedican desde hace más de 20 años a la elaboración de telares, desde tapetes, caminos de mesa, manteles, hasta colchas elaboradas artesanalmente.

Esta familia ha encontrado en el telar tradicional y en la máquina de telar una forma de vida.

Ellos viajan por toda la República Mexicana exhibiendo sus productos elaborados en un pequeño pueblo del estado de Oaxaca.

Arte Zapoteco realiza productos en algodón y lana, en una variedad que va desde manteles individuales, caminos de mesa, mantelería, tapetes, bolsas hasta colchas y cortinas.

La materia prima se trabaja en dos técnicas, explica Alberto, la del telar de cintura y el telar de pedal.

Uno de los productos más baratos que elaboran es un camino de mesa pequeño que tiene un costo de 150 pesos. Un camino de mesa bordado tiene un costo de mil 500 pesos.

De esta forma ellos encontraron una forma de vida, de subsistir, de llevar la cultura de su región hacia otros lugares donde valoren el trabajo que realizan sus manos.